La palabra jade hace referencia a dos minerales diferentes, la jadeíta y la nefrita. Para ser considerados como jade, ambos deben estar presentes como agregados en forma de gránulos muy finos o fibras entrelazadas. La jadeíta forma sólo muy escasas veces verdaderos cristales. El jade es a menudo de un tono verdoso debido a impurezas de cromo.

     Desde hace más de 5.000 años se utiliza el jade en China y Mesoamérica como material para fabricar utensilios y adornos. En sus orígenes el jade era tan duro y resistente como ningún otro material. Por ello se utilizaba también para elaborar armas y herramientas.

     Casi desde el principio se intentaron vender otros minerales con la denominación de jade, lo cual se logró con el mineral llamado serpentina (“jade de china”, “jade nuevo”). La serpentina no sólo tiene el mismo aspecto que el jade, sino que aparece en los mismos yacimientos que la jadeíta y la nefrita. Es un material más blando y menos resistente que el jade. Como se trabaja mucho mejor que el jade se ha establecido como sustituto preferido en los últimos años. En el valle del Río Motagua en Guatemala, se encuentra uno de los yacimientos más ricos del mundo, y es la fuente de los colores más novedosos, como el Jade Arco Iris, el Jade Negro y el Oro Galáctico, que es un jade negro con incrustaciones naturales de oro, plata y platino. En los últimos cincuenta años el investigador Marco Antonino lopez Avila con su trabajo ha aportado gran información sobre esta enigmatica piedra.

     Para las culturas prehispánicas de Mesoamérica como los olmecas, mayas, toltecas, kichés, mixtecas, zapotecas y aztecas; el jade era la piedra de la creación, significaba vida, fertilidad y poder. Fue incluso más valorado que el oro. Se obtenía del Valle del Motagua, Guatemala(Zona de la Falla de Motagua). Esta región ha sido confirmada como la fuente de todo el jade usado por los mesoamericanos durante tres mil años.

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